Varios días después de que España haya recibido la mayor humillación que
se recuerda en un partido oficial, la conclusión que podemos sacar si atendemos
a los medios de comunicación y enviados demasiado especiales al mundial es que
la culpa es de los jugadores, no del Barcelona, sino de los jugadores catalanes
del Barcelona. De la sangría general contra los futbolistas culés,
curiosamente solo se salvan aquellos que no tienen partida de nacimiento
catalana. Solo Iniesta, albaceteño y Pedro Rodríguez, canario, han conseguido
escapar al escarnio de los analistas patrios. Es curioso que casi todos los
caminos tras analizar el análisis que han realizado otros periodistas y
aficionados tras la debacle nacional desemboquen en aniquilar la huella
catalana en la selección. Suerte tiene Iniesta de haber nacido en Fuentealbilla
y no en Cornellá, si no a estas horas ya
estaría haciendo las maletas en la selección junto a Xavi, Piqué, Alba o
Busquets. Paradojas de la vida, el fútbol nacional empieza a parecerse a
una fábrica de independentistas por el efecto búmeran que se lanza desde
algunos medios de comunicación capitalinos. Para que se te echen las culpas de
la derrota ante Holanda has de cumplir dos requisitos a la vez: Que seas
jugador del Barcelona y que seas catalán. Esa conjugación te condena al
avispero mediático. Ni Cesc, ya fuera del Barcelona, ni Pedro ni Iniesta
cumplen ambas premisas. Por ese motivo nadie les critica y nadie les va a
criticar.
18 de junio de 2014
25 de mayo de 2014
Quizás dentro de diez años
Jamás he visto a un equipo parecerse tanto a su entrenador como el
Atlético de Madrid. El Cholo Simeone era un futbolista que saltaba al campo con
un cuchillo entre los dientes y un chute de adrenalina en cada músculo. Cada
vez que observo a un jugador del conjunto colchonero actual no puedo más que
acordarme de aquel futbolista fibroso e inquieto que convertía cada jugada en
una batalla campal. Cada balón divido parecía el último y la convicción
en sus acciones se acercaba al extremismo. Un pura sangre que dejó reflejada su
forma de concebir el fútbol en el muslo de Julen Guerrero. No gozaba de una
técnica depurada, ni tampoco exhibía una envidiable visión de juego, ni tan
siquiera apoyaba su fútbol en la precisión de sus disparos. Sus acciones ofensivas
se basaban en un oportunismo incontrolable y en una rabia incomparable.
Así es el Atlético de Madrid, como su entrenador actual, así es cada uno de sus
jugadores y así entienden el fútbol hasta sus jugadores más dotados
técnicamente. Cuando alguien me pregunte dentro de una década cómo llegó el
Atlético de Madrid a ganarle una liga al Barcelona de Messi en el Camp Nou y
cómo acarició una Copa de Europa ante el Real Madrid, seguramente responderé
que lo único que recuerdo es que los colchoneros corrían mucho y luchaban más. Lo
cierto es que el equipo del Manzanares no tiene muchas más armas, porque
esas armas cuestan dinero y ya están repartidas entre los más ricos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







