Majestuoso
con la mirada hierática se zarandea de un lado a otro por las calles de Málaga
repartiendo esperanza, misericordia y fe. Jesús “el rico”, así le llaman los
fieles, tiene la capacidad real y divina de liberar a un preso de las cárceles
provinciales de Málaga cada Miércoles Santo desde el siglo XVIII. Fue Carlos
III, rey terrenal, quien en 1756
escribió la orden para que la Hermandad pudiese ejecutar año tras año hasta
nuestros días el indulto divino. Cuentan los libros polvorientos que ese mismo
año la peste asoló la ciudad y solo los presos malagueños tuvieron la gallardía
suficiente para escapar de sus barrotes, sacar al Cristo en estación de
penitencia y regresar posteriormente a sus respectivas celdas. Varios días
después, la peste en Málaga ya era historia. Desde entonces en la ciudad de la
Costa del Sol un preso es liberado cada año al amparo de un brazo de madera
divina que de forma articulada muestra su misericordia, indulto y perdón en la
plaza de la Aduana ante la atenta mirada empañada en lágrimas de miles de
malagueños y visitantes.
11 de julio de 2012
10 de julio de 2012
Casillas se queda embarazado
A mi juicio,
Casillas es el mejor portero que he visto nunca, probablemente a lo largo de la
historia habrán existido porteros mejores, pero a lo largo de mi historia no.
Yo he visto a Casillas, desde su meta, sin salir del área ni meter un solo gol,
regalarle al Madrid campeonatos de liga con sus intervenciones. Ya no hablo de
competiciones que se deciden en tres partidos o momentos puntuales, no hablo de
finales o semifinales donde el título se puede decidir por centímetros o por
una caprichosa ráfaga de viento. Hablo de que en varias ocasiones, a lo largo
de 38 jornadas el portero del Real Madrid ha sido más decisivo que los propios
delanteros o los centrales.
Una
diferencia importante entre la selección española de hoy y la de antaño es que
el portero ya no se tira con desgana ante un penalti. En un campeonato del
mundo o de Europa, tarde o temprano te enfrentas a los penaltis. De Zubizarreta
solo se podía esperar el fallo del contrario, de Casillas además podemos
esperar su propio acierto. Ráfagas de viento que separan el éxito del absoluto
fracaso.
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