José Carlos del Coso: Esta es mi opinión y afortunadamente solo tengo una. Le guste a quien le guste y le pese a quien le pese.


18 de junio de 2014

La culpa es de Cataluña



Varios días después de que España haya recibido la mayor humillación que se recuerda en un partido oficial, la conclusión que podemos sacar si atendemos a los medios de comunicación y enviados demasiado especiales al mundial es que la culpa es de los jugadores, no del Barcelona, sino de los jugadores catalanes del Barcelona. De la sangría general contra los futbolistas culés, curiosamente solo se salvan aquellos que no tienen partida de nacimiento catalana. Solo Iniesta, albaceteño y Pedro Rodríguez, canario, han conseguido escapar al escarnio de los analistas patrios. Es curioso que casi todos los caminos tras analizar el análisis que han realizado otros periodistas y aficionados tras la debacle nacional desemboquen en aniquilar la huella catalana en la selección. Suerte tiene Iniesta de haber nacido en Fuentealbilla  y no en Cornellá, si no a estas horas ya estaría haciendo las maletas en la selección junto a Xavi, Piqué, Alba o Busquets. Paradojas de la vida, el fútbol nacional empieza a parecerse a una fábrica de independentistas por el efecto búmeran que se lanza desde algunos medios de comunicación capitalinos. Para que se te echen las culpas de la derrota ante Holanda has de cumplir dos requisitos a la vez: Que seas jugador del Barcelona y que seas catalán. Esa conjugación te condena al avispero mediático. Ni Cesc, ya fuera del Barcelona, ni Pedro ni Iniesta cumplen ambas premisas. Por ese motivo nadie les critica y nadie les va a criticar.

25 de mayo de 2014

Quizás dentro de diez años



Jamás he visto a un equipo parecerse tanto a su entrenador como el Atlético de Madrid. El Cholo Simeone era un futbolista que saltaba al campo con un cuchillo entre los dientes y un chute de adrenalina en cada músculo. Cada vez que observo a un jugador del conjunto colchonero actual no puedo más que acordarme de aquel futbolista fibroso e inquieto que convertía cada jugada en una batalla campal. Cada balón divido parecía el último y la convicción en sus acciones se acercaba al extremismo. Un pura sangre que dejó reflejada su forma de concebir el fútbol en el muslo de Julen Guerrero. No gozaba de una técnica depurada, ni tampoco exhibía una envidiable visión de juego, ni tan siquiera apoyaba su fútbol en la precisión de sus disparos. Sus acciones ofensivas se basaban en un oportunismo incontrolable y en una rabia incomparable. Así es el Atlético de Madrid, como su entrenador actual, así es cada uno de sus jugadores y así entienden el fútbol hasta sus jugadores más dotados técnicamente. Cuando alguien me pregunte dentro de una década cómo llegó el Atlético de Madrid a ganarle una liga al Barcelona de Messi en el Camp Nou y cómo acarició una Copa de Europa ante el Real Madrid, seguramente responderé que lo único que recuerdo es que los colchoneros corrían mucho y luchaban más. Lo cierto es que el equipo del Manzanares no tiene muchas más armas, porque esas armas cuestan dinero y ya están repartidas entre los más ricos.