Víctor Valdés es un portero con alma de centrocampista, un jugador de campo atrapado en unos guantes de portero. Desde hace muchísimo tiempo, el FC Barcelona no tenía tanta estabilidad en una de las parcelas que le había acarreado más problemas a lo largo de su historia. La portería del Barcelona, por regla general y sobre todo en la época del actual Director Deportivo, Andoni Zubizarreta, siempre se ha parecido más a un tendedero que a una pared de hormigón. Con Valdés bajo palos el conjunto culé ha conseguido diferenciarse incluso en ese aspecto que no ofrece diferencias. Un portero es siempre un portero, aquí y en China, en el Milán o en el Betis. Es una posición que siempre se ha tratado con más pereza que otras, pues lo importante es jugar al fútbol con los pies y cualquier meta lleva intrínseca en sus manos una ventaja que el resto de futbolistas no tienen. La concepción de los equipos siempre se ha llevado a cabo buscando diez buenos futbolistas y un portero que pare, nada más. La irrupción del actual portero culé en el mundo del fútbol ha cambiado el concepto y ha revalorizado la importancia que cualquier jugador, ocupe la posición que ocupe, tiene en el desarrollo del juego del equipo. Al Barcelona le ha costado lágrimas amargas durante décadas tener en cuenta ese problema y posteriormente solucionarlo. Es una cuestión de detalles, cuando no se pueden mejorar los futbolistas de campo, ni tampoco el estilo o la filosofía, cuando no se puede mejorar el entrenador ni la estructura del club, siempre se tiende a mejorar el estadio, las taquillas, los uniformes de los empleados y el guardameta.
21 de enero de 2013
17 de enero de 2013
Volvieron a ganar los alemanes
Sus enseres personales se reducen a cepillo de dientes, ropa oscura y un montón de ideas que clavar en mitad de los corazones bávaros. Ayer comenzó el día uno en el año cero del “guardiolismo”. Pep empieza a caminar solo, separando de forma irremediable su leyenda de la del Barcelona. Continúa su propia historia buscando la gloria impersonal sin maquillaje para un estilo de juego, una forma de vida que se puede facturar en una maleta camino de Alemania. Guardiola vuelve a dar una lección de vida para poder dar lecciones de fútbol eligiendo el libro de historia en lugar de la billetera, y escogiendo la camisa a cuadros en lugar de la camiseta de moda. Se aleja de la lucha que mantiene la libra contra el petrodólar, una divisa que todo lo puede pero que no pudo con Guardiola. Una guerra que se recrudece en los campos de Inglaterra en la que solo aguanta el Manchester United, en la que gana city y Chelsea, y en la que el Liverpool empieza a morir en una playa de Normandía. Sustituye la opinión mediática por la información, el lío por el orden, la lluvia por el frío, la niebla por la nieve. Guardiola no se ha casado con la más guapa pero ha escogido a la más buena. El sueño inglés se ahoga en una fría noche de diciembre en medio del canal de la Mancha. El fútbol lo inventaron los ingleses pero una vez más volvieron a ganar los alemanes.
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