Me he despertado esta mañana y tras ojear un poco la prensa deportiva nacional con mi atención puesta en el clásico, me he quedado pensando que o bien no he conseguido regresar a la vigilia y aún sigo soñando o me he perdido algo en los últimos días que no logro descubrir. Jamás podría imaginarme que una mala noche del Barcelona en Milán iba a dar para tanto. Noventa minutos fueron molto longos, yo me puse al frente de las críticas, pero ya me está pareciendo excesivo. Las conclusiones express, esas que se sacan de un solo partido y luego sirven para generalizar todo un estado de ánimo que olvida el pasado, devora el presente y condiciona el futuro, nos presentan un Barcelona poco menos que atemorizado ante la visita del Real Madrid. Desde que hice ese repaso a los principales medios de comunicación he decidido juzgar los titulares con serenidad buscando una base argumental medianamente sostenible para que un Barcelona aterrorizado por su rival no se presente esta noche al partido.
26 de febrero de 2013
25 de febrero de 2013
El transmisor de datos
Un sonido digital se escucha en una habitación de Nueva York a cada golpeo de sus dedos contra las teclas del teléfono. Es imposible descifrar el número marcado, pero pocos segundos después en el Cam Nou de Barcelona un teléfono móvil baila sobre el banquillo culé al son de una ruidosa melodía. Dos horas y media antes, en el estadio de Riazor, La Coruña, un empleado del Fútbol Club Barcelona, probablemente un scouting, sitúa un trípode en la zona reservada para el conjunto azulgrana. Sobre el trípode monta una cámara, mira por el visor y reduce el zoom para obtener un plano general del terreno de juego. Acto seguido pulsa el botón de grabación y da dos pasos hacia atrás, no necesita más pues solo pretende grabar la disposición táctica de los equipos que se enfrentan entre sí y que próximamente serán rivales del Barcelona.
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