Cristiano Ronaldo es el futbolista que más información transmite con su cuerpo sobre un terreno de juego. Mirarle durante un partido es como estar viendo a un indio americano haciendo señales de humo, es como un folleto médico apostado en la sala de espera de un consultorio médico. A cada una de sus acciones o de sus omisiones siempre le acompaña su gesto correspondiente. Si lanza una falta a las nubes, la naturaleza nos recompensará la pérdida de dos palomas con la imagen del portugués mirando al césped, incluso tocándolo bruscamente con la mano en el punto donde estaba situado el balón como si unas briznas de hierba seca en el verde tapiz hubiesen propiciado el ocaso del lanzamiento y la lamentable pérdida de sendas aves. Si el delantero merengue pone en peligro la integridad física de los rivales situados en una barrera dentro del área, no es descartable que el gesto más expresivo de Cristiano sea levantar la mano reclamando penalti, incluso cuando el balón se haya estampado en la espalda del adversario.
28 de marzo de 2014
27 de marzo de 2014
Balas de fogueo
Cayó el Real Madrid en Sevilla mientras el artífice de la conspiración arbitral resoplaba en un palco oscuro del Ramón Sánchez Pizjuan por las ocasiones perdidas. El señorito andaluz sobre ruedas con un mal disimulado acento caló regresó a la que aún cree su casa, pero lo hizo a hurtadillas. Se escondió en la zona noble, a la que solo le faltaba un gato blanco para acariciar, protegido por cristales de dos centímetros y gafas de sol en plena noche. Ayer su presencia no tenía sentido, la culpa no fue exclusiva del árbitro porque el cupo de quejas madridistas contra el justiciero estamento ya está mal agotado. Curiosamente tras el encuentro, el Real Madrid podría haberse quejado del árbitro por dos penaltis claros a Cristiano Ronaldo, a pesar de que la falta que materializó muy a su estilo venía precedida de un derribo inexistente. Sin embargo el reclamo penoso carecía de sentido porque tras el clásico CR7 y Sergio Ramos decidieron disparar al árbitro con balas de fogueo para tapar sus ridículas actuaciones sobre el césped. Ayer podrían haber seguido atacando, pero la recámara ya está vacía de balas de verdad como lo está la paciencia de sus propios aficionados.
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