A medida que pasa el tiempo y las ruedas de prensa empiezo a comprender cada vez más a José Mourinho. Por un momento pónganse en su lugar. Solo hay que hacer un pequeño ejercicio de imaginación para entender lo doloroso que debe ser empezar una carrera profesional tan exitosa como precoz y comprobar con el paso de los años que tu trabajo a penas ha servido para amasar dinero, levantar copas y reventar escudos. Pienso en el Mourinho de hace veinte años cuando intentaba encontrar un paralelismo jocoso entre las gracietas de Robson y el humor español. Todo un mundo por descubrir rodeado por un futuro incierto alimentado de múltiples ilusiones. Denostado traductor culé, debió mezclar en más de una ocasión su futuro con sus sueños y su rabioso pasado con su personalidad. Quién no sufrió para conciliar el sueño alguna vez por dormir triunfando en aquel sitio donde solo te dejaron fracasar. Qué mayor volumen de resentimientos que aquellos que se guardan en una maleta por salir sin pena ni gloria del lugar que te formó y no te dio una oportunidad. Algún día volveré, debió pensar.
21 de noviembre de 2012
17 de noviembre de 2012
Por los clavos de Cristiano
¡Hala Madrid! Gritaba Cristiano hace tres años y medio bajo la hipnotizada mirada de Florentino Pérez. Ochenta mil madridistas coreaban el nombre de Ronaldo con la misma ilusión que unos días antes coreaban el de Kaká. Ambos jugadores iniciaban su paseo por la casa blanca con el objetivo y el deber de llenar el vacío que empezaban a dejar eternos símbolos como Guti o Raúl. El Madridista de a pie aplaudía a sus futuras estrellas con la misma ilusión que un niño de 10 años emplea en escribir la carta a los reyes magos varios días antes de Navidad. Ellos lo pidieron y Florentino se los regaló, con matices, pues el Madrid no los compró a precio de saldo. Cuando Kaká llegó al conjunto merengue, lo hizo agarrado a una etiqueta de jugador extraordinario, crack de talla mundial. Ni siquiera un necio negaría en su momento las cualidades del futbolista brasileño que a la postre no ha tenido la fortuna de mantener. Tres años después, el jugador no está deportivamente amortizado, parece que según el presidente madridista, el activo sí. Son simples errores de personajes advenedizos desubicados en el mundo del fútbol, que olvidan de dónde vienen y no parecen saber adónde van. Es el problema de tener una visión empresarial de un mundillo donde no se compran activos, sino que se fichan personas. No se necesita ser economista para dudar de la rentabilidad económica de esta operación, tan solo se necesita no ser un cegado madridista. De admitir como ciertas las cuentas de Florentino con respecto a Kaká, podría tacharse a Adam Smith de comunista y podría interpretarse como un logro financiero vender al jugador por un solo millón de euros. Si está amortizado ya están tardando, porque Kaká nunca vino y por tanto no volverá.
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